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13 jul
2008

¿Qué culpa tienen los perros de tener esos amos?

Se dice que es más útil adaptarse a los otros que hacer que los demás se acomoden a nuestros gustos. A veces esto es casi imposible.
El pasado viernes yendo por Ricardo Soriano, me cruzo con una pareja joven con dos niños de la mano de no mas de entre seis y ocho años, el hombre viene vociferando lo siguiente: “Ojala ahorcasen a todos los dueños de los perros”. No es que estos animalitos me amen con más locura que yo a ellos. Tampoco llego al grado de este señor. Pero trato de averiguar el por qué de esta frase en voz alta y tan gruesa y veo que una pareja que va en dirección contraria, ambos muy jóvenes y con pinta a haber venido a pasar sus vacaciones a Marbella, lleva cada uno un perrito y el que lleva el chico acababa de defecar en medio de la calle y dejarlo allí sin mas, y por esto que el otro caballero maldecía de esa manera. Pensé, mas que ahorcarlos habría que educarlos, ya que los perros no son muy responsables del lugar donde depositan sus residuos sólidos urbanos. Hete ahí, que yo iba detrás de la pareja de los perritos y veo que la chica arrima el suyo a la columna de una papelera y el perro antes de pensarlo dos veces acaba de imitar a su compañero, dejando una buena porción también en la acera junto a la pequeña columna de hierro. Pensé por un momento, si vuelve el otro señor acaba buscando una cuerda para ahorcarlos a los dos de una sola vez. Observo que a punto ya de alcanzar el paso de la chica, sigue con su perrito y se olvida de la mierda que acaba de depositar su perro, tal como había hecho momentos antes su acompañante, y estando ya a su altura, me dirijo a ella y le pregunto que por qué no la recoge, ella me contesta nada convencida por cierto, -si ahora vuelvo-. Cosa que no hizo ni pensaba hacer, cuando de pronto me espeta su acompañante ¡Y por que no la recoges tú! Tenía infinidad de respuestas para darle al joven de tan refinada educación, pero preferí aligerar mi paso, adelantarles y olvidarme del tema. Me había acomodado a su gusto, aunque eso suponga que caminar por las aceras de Marbella signifique sortear mierdas y orines de perros cada dos minutos, y con un poco de suerte si andas más de media hora por las calles, terminas pisando alguna.
Nada cuesta dar una sonrisa a cualquiera lleve o no perro de la mano, pero cuando observas esa educación tan exquisita, y esa preocupación tan desmedida por colaborar con la limpieza de calles y jardines, es como darla de mala gana y eso seria una grosería. La buena educación, el civismo, la honradez y otras virtudes y consideraciones cada vez mas puestas en tela de juicio, no suelen proporcionar ni grandes amigos ni grandes riquezas, de ahí, que en este y en otros casos recogemos y vemos lo que se ha sembrado.

archivado en cosas de la calle a las 14:18:37


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