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26 dic
2008

Un año menos, un año mas.

A pocos días de rozar el final de este año de crisis que terminamos, y darnos de bruces con el siguiente, todos nos planteamos el destino del 2009. Puede depararnos dos formas de felicidad, una negándonos todos nuestros deseos y otra cumpliéndolos.

¿Por qué? Sencillo. Nuestra felicidad dependerá de nosotros mismos y no de que se cumplan o no, nuestros deseos. Cualquiera puede llegar a lo más alto del mundo, pero también es posible que sea al mismo tiempo esclavo de sus deseos. El deseo más común en todos nosotros es hacer dinero, tener poder. Y habrá muchas personas que consigan incluso ambas cosas, pero su felicidad nunca estará implícita en la consecución de estos deseos. A veces tenemos deseos tan efímeros como dejar huella de nuestro paso por esta vida y algunos sin pretenderlo, este deseo les predispone a crear arte en cualquier actividad. Otros con su oración tienen el deseo de alcanzar el Cielo y como decía un amigo que al día de hoy tiene los hábitos de cura colgados, al referirle en muchos casos que algunos que tanto oran, obran de manera nada aceptable, el cura, hoy ya retirado decía: “Al menos tienen un deseo bueno, conseguir el Cielo por medio de la oración”. Eso si que es ver el lado positivo de algún que otro malévolo personaje bajo palio orando.
Creo que era Charles Dickens, quien decía que si sometíamos a nuestros deseos, tendríamos dominada la naturaleza humana. Creo que es cierto, y nadie por carecer de deseos puede sentirse inútil en este mundo, siempre que de alguna manera ayude a que otros cumplan con los suyos. Este deseo de ayuda siempre es más dominante en la mujer que en el hombre y de ahí que sean muchas las que tienen como deseo predominante someterse a la voluntad de su hombre. Las feministas lo verán horrendo, pero la realidad es tozuda y no hace falta refutarlo con ningún ejemplo práctico. Seguramente sea fácil suprimir ese primer deseo, aunque esa supresión no sea el principal motivo de su felicidad.
Creo que dedicar tiempo a deseos que nada nos reportarán es poco rentable y como decía al principio nuestra felicidad nunca estará supeditada a que se cumplan o no nuestros deseos. La mejor forma de referir esa situación es cuando alguien lleno de alegría y felicidad por alguna causa nunca antes deseada expresa: “Ni a soñar que me hubiera puesto” Por tanto, menos deseos y mas hacer lo que uno debe y le dicta su conciencia.
Claro que la tradición de estas fechas mas extendida es desear felicidad a todos, pero seguramente que podamos hacer algo para que sin tener que desearlo le hagamos mas felices y nosotros también nos sentiremos mejor.
El afortunado de un sorteo reciente del Euromillón, un belga, que ha repartido entre sus paisanos mas necesitados por la crisis, la mitad de su premio, algo mas de siete millones de euros, seguramente no deseaba solventar todos y cada uno de los problemas de sus convecinos, pero su obra si lo ha hecho, y su felicidad por el agradecimiento recibido será hermoso. Lo malo de esto es que no somos muchos los que estamos dispuestos a este reparto en el caso de ser afortunados en algún sorteo, ni los que tienen o tenían si se llevó la mitad Madof, están tampoco dispuestos a remediar la penuria de tantos necesitados en el mundo. ¿Cuál es el deseo de todos? Creo la felicidad, pero mal buscada.
No os deseo nada, ni bueno ni malo. El tiempo nos irá descubriendo a cada cual la realidad.

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