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23 mar
2007

Camino Norte de Santiago (Jornadas)

El camino comienza el 10 de marzo con un autobús que tomo en Badajoz, mi tierra natal, hasta Gijón y eso dura toda una noche y parte de la mañana del día siguiente. Como sabía que llegaría cansado tenía que asegurarme un buen aposento para salir descansado al día siguiente hasta Ribadeo, lugar donde comencría a andar.
El domingo contacté con mi más antigua amiga conocida en Internet en los famosos chats del IRC en los años 90´s y ella fue mi mejor guía para conocer mas a fondo todo cuanto se guarda de bello e histórico en la ciudad de Gijón. Rehusé la invitación a un concierto de jazz, a pesar de que me gusta mucho, pero a las 9 de la noche estaba entre sabanas. El Molino Viejo, frente al Molinón me relajó lo suficiente para a las seis y media de la mañana del día 12 de marzo dirigirme a tomar otro autobús hasta Ribadeo, que según mi hora de salida eran las siete y media y llegada a las diez, pero no resultó así. El dichoso autobús había salido a las siete y por tanto el próximo no saldría hasta las diez de la mañana, de manera que me fui en otro a las siete y pico hasta Avilés, ciudad a la que también le di un buen repaso hasta que por fin a las once de la mañana salí con dirección a Ribadeo, llegué a las dos de la tarde y esa no es hora para echarse a andar, de manera que me paseé por Ribadeo, lo fotografié y decidí salir al día siguiente. Dormí solo en el Albergue y salí de la misma forma el día 13 y martes en torno a las 8 de la mañana con mi guía Camino del Norte en mano –Menos mal que no soy supersticioso-. Afortunadamente dejando Ribadeo me encontré con otro peregrino, con quien compartí todo el tiempo hasta Santiago.
El día 13 y martes por ser la primera jornada nos hicimos mas de 40 kms, hasta la ciudad de Mondoñedo, la guía marca en torno a esa distancia, pero en Lousada, nos equivocamos de camino, nos adentramos en plena sierra y nos hicimos unos kilómetros de propina, pero mereció la pena, el paisaje era incomparable desde aquellas cimas con caballos, vacas y perros. La amabilidad fue la tónica general de la gente que encontramos en el camino. Al llegar a Mondoñedo, la cuesta arriba hasta el final del pueblo donde se encuentra el albergue fue terrible, una ducha fría, que la caliente no funcionaba, remedió un poco mi maltratado cuerpo y disponerme para una suculenta cena y a dormir.
El día 14, segunda jornada solo hicimos unos 20 kms, hasta la frontera de Gontán y Abadin, pocos kilómetros pero con subidas importantes, con un desnivel de mas de 500 metros. El albergue estaba cerrado y en obras, de manera que eso que parecía mala suerte se tornó en una fortuna, almorzamos y cenamos comida excelente y dormimos en habitación de lujo, calefacción agua caliente, TV en la habitación y una vista maravillosa del paisaje además del murmullo continuo de un riachuelo junto al edificio de dos plantas y todo por tan solo 24 euros por peregrino.
El jueves día 15 hicimos desde Gontán hasta Baamonde, es decir otros cuarenta y tantos kilómetros de peregrinaje por tierras gallegas. En el albergue nos atendió Conchi, no había ningún peregrino y nos dio lo mejor. En el hostal Galicia cenamos no tan buena comida como en Gontán, pero tuvimos la compañía del famoso poeta y dueño del restaurante D. Juan Corral, quien nos deleitó con sus poesías, sus historias y sus andanzas. Nos invitó a un licor de orujo macerado en café que hizo su efecto. Después de 100 kms con tanto peso a la espalda que me estaba destrozando los talones, decidí quitarme cosas de encima y remitirlas en paquete Express por Correos, por cierto muy eficiente, llegó el paquete a Marbella en tres días.
El viernes día 16 salimos de Baamonde hasta Sobrado, de nuevo repetíamos otros cuarenta y pico kilómetros. Los días anteriores habían sido excelentes, pero este resultó estar más nublado y mucho más frió, llegamos a Sobrado con el sol poniéndose y a punto de perder el único alojamiento disponible, el de los monjes. Habíamos pensado relajarnos en el hostal San Marcos, pero también de reformas para los peregrinos veraniegos que son más numerosos. Tal vez el peor albergue de los visitados, seguramente sea porque está instalado en las antiguas caballerizas del castillo, donde las paredes y suelo de piedra, producen frió emergente por todos lados.
El sábado 17 salimos temprano de Sobrado y de nuevo nos hicimos más de 40 kms hasta Arca. Decidimos darnos un homenaje y tuvimos suerte muy similar a la de Gontán, por tanto, pasamos de albergue. Necesitábamos comer bien y descansar mejor, para emprender la última jornada al día siguiente.
El domingo 18 hicimos la última y mas corta, desde Arca hasta Santiago, poco más de 20 kms y poco después de las doce del medio día estábamos abrazando a Santiago, como si nos conociéramos de toda la vida. Reconozco ser un peregrino atípico pero procuré cumplir con los preceptos mínimos. Pasamos por la oficina del peregrino obtuvimos la “Compostela” disfrutamos de la Ciudad con sus piedras mojadas, comimos divinamente degustando la típica comida gallega y nos hospedamos en un magnifico hotel para despedir las penurias de tanto andar. Esa misma tarde comenzó a caer una fina lluvia que también disfrutamos, sobre todo después de una semana soleada.
Durante el camino conocimos y hablamos con muchos personajes típicos y otros menos comunes, pero en general buena gente. Desde la señora que me señaló un puente enorme cerca de Navas, al que llaman los tirantes de Fraga, hasta el vaquero de la montaña y criador de caballos, que alegaba que ahora había mas enfermos que antes por la cómoda vida que llevaban los aldeanos que se habían trasladado a las grandes urbes. También Chacón, el escultor de Miraz o Eladio el sacristán de Lourenza, me parecieron unos personajes entrañables.
Hace una docena de años que hice algo similar pero por el camino francés y lo que he observado es que las aldeas están cada vez más vacías y abandonadas, escuelas cerradas y la ausencia de niños en todo el recorrido de estas parroquias. Solo ancianos y personas mayores, la despoblación es tremenda. En pocos años estará todo absolutamente deshabitado.
Tal vez haberlo hecho con más calma y jornadas más cortas y recreadas habría sido mejor, pero solo disponía de esa semana. Ocurre que además del reto del tiempo, se puso en práctica lo del empujoncito del chiste de los cocodrilos en la laguna. El compañero de camino a veces me empujaba a mi y otras hacia yo lo propio. En solitario, seguramente no lo habría completado en ese tiempo. Quien sabe si la felicidad no está en hacer el camino, sino en hacerlo con ciertas obligaciones y como nada puede conseguirse sin dificultades, el conseguirlo produce mas placer.
Decía Voltaire que la dicha no es mas que un sueño y el dolor la realidad. Yo añado que en este caso se funden ambas cosas y mirándolo con la perspectiva del tiempo es difícil discernir entre la dicha y el dolor, pero la balanza se inclina hacia lo mas positivo, siendo una buena experiencia.
Estos pequeños retazos de mi caminar por tierras gallegas está acompañado de un buen numero de fotos para ilustrar la belleza a veces, la soledad en otras ocasiones o los personajes del camino. No pretendo hacer ninguna obra artística con mis fotos, simplemente dejar constancia de lo efímero y de unos momentos en unos lugares puntuales.
También debo agradecer a algunas personas que pidieran cada día por el buen tiempo e hicieran sus ofrendas con el mejor fin, -yo no lo habría hecho por falta de fe- si bien, a veces abandono el solipsismo imperante en mí para pensar que es cierto eso de que la fe mueve montañas. Agradezco su apoyo profundamente.

archivado en Santiago a las 15:22:49


esperanza comentó...

Como hago con los libros, retengo mis ganas de seguir viendo fotos para que me dure el placer de contemplarlas. Me he detenido al llegar al centenar. Y quiero comentarte mis impresiones.
Has conseguido otra luz, la del invierno que yo desconozco en Galicia. Y has recogido paisajes que, en cierto modo, tienen que haberse sentido desnudados con tu cámara. Creo que nadie se había tomado hasta ese momento la molestia de grabarlos.
Hay árboles en plena floración que, gracias a tí, han conseguido que sus flores sean perpetuas. Has recogido su momento de gloria, de completo esplendor.
Mondoñedo me sigue pareciendo, visto ahora desde mi sillón, con el tiempo transcurrido, un sitio precioso.
Tienes, de lo visto hasta ahora, fotos magníficas. Una senda con la cabeza de un caballo asomándose, vamos, parece todo un montaje. Otras con una alfombra verde, cuántos Reyes quisieran ese esplendor a sus pies.
Todas esas casas agrupadas, las aldeas como se las llama allí, serían excelentes para decorados de grandes peliculas épicas. Casas que reflejan miserias seculares y que, sin embargo, albergan escudos con blasones recuerdos de antiguo poder.
Es cierto que hay un despoblamiento tristísimo, esa casa recubierta del nervio de una enredadera ahora sin hojas, es un claro exponente de lo que dices. Sin embargo, yo, optimista siempre, me agarro a esa otra foto de la ropa tendida y secándose al viento. Imagen de vida, de lucha y de esfuerzo.
Has recogido luces increibles, arrancando unas tonalidades que hacen que la foto parezca retocada en laboratorio. Es un milagro que no hayas tropezado con las piedras, siempre mirando a tu alrededor más que hacia los pies. Mi padre siempre me regañaba por no mirar al suelo, debía ser que tropezaba con frecuencia.
Bueno Antonio, una vez más, es un auténtico placer ver tus fotos. Me regalaré otro centenar para disfrutarlas en otro rato libre. Y te volveré a agradecer con un comentario el que las ofrezcas para disfrutarlas.
Un saludo y gracias

6/04/2007 14:57:59


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